José Manuel Reyero

Consejero del ICO, Técnico Comercial y Economista del Estado y ex vicepresidente Ejecutivo del ICEX

“El día siguiente todo será igual, pero tenemos que preocuparnos por mantener el esquema de liberalización del comercio”
“En el tratamiento de esta crisis Europa ha fracasado”

 

José Manuel Reyero es hoy una de las voces más autorizadas a nivel nacional e internacional en materia de internacionalización y promoción comercial en el exterior. Desde su amplia y dilatada experiencia, tanto en la Administración del Estado, como en la autonómica y en el sector privado, muestra su preocupación por la posibilidad de que la pandemia del Covid-19 suponga un deterioro en la liberalización del comercio internacional

El día siguiente a la reanudación de la actividad todo será igual pero algunas cosas sí podrán empezar a cambiar. Las empresas readaptaran algunos de sus procesos para aminorar riesgos de desabastecimiento y miraran a otros países con más desconfianza, las agencias de riesgo-país contemplaran con ojos más atentos ciertas características de los procesos productivos, en sus planes futuros esas variables jugaran de alguna manera, pero los analistas financieros seguirán juzgando los balances de las empresas por la solidez de sus resultados. Y estos tendrán que ver con sus costes reales y, si no se interrumpe el transporte y, no se cambian los tratados de liberalización del comercio, los flujos se seguirán pareciendo mucho a los anteriores. Por tanto, donde si tenemos que preocuparnos es por el mantenimiento del esquema de liberalización del comercio, aceite que ha engrasado todo el crecimiento que ha fomentado el desarrollo del comercio y la inversión en el mundo.

Un aviso que realiza a pesar de las muchas incertidumbres que tenemos y nos crea esta situación de confinamiento.

Imaginar que va a pasar en el comercio exterior, en la política de internacionalización de las empresas, en los flujos transnacionales de bienes y servicios cuando estamos inmersos en una cuarentena cuyos fines desconocemos, en donde por primera vez en la historia contemporánea los poderes públicos han decidido interrumpir la actividad económica por razones sanitarias, me una parece tarea presuntuosa y condenada al fracaso. No hay modelo que pueda prever lo que suceda el día después. Ya he leído previsiones, incluso cuantificadas, de posibles decrecimientos. Como nadie comparará esas cifras agoreras con las reales de dentro de un año y pico, ancha es Castilla.

En estos momentos de desorientación general creo que es más importante analizar las fuerzas profundas que mueven el actual sistema económico y no ponerse a imaginar cómo será el impacto en el mundo post covid19 porque podemos describir un mundo parecido al de los dibujos de nuestros abuelos de como imaginaban el siglo XX.

Con la certidumbre de que esta puede ser una crisis nueva, explica que desde luego no es una crisis de las periódicas consustanciales al capitalismo, ni una crisis de reconstrucción a las que se enfrentan los países después de una guerra. Esta es una crisis provocada por una decisión puntual, tomada con el sistema productivo intacto y los “animal spirits” de los empresarios de los que hablaba Schumpeter intactos.

El día después de la cuarentena donde se decida que todo debería volver a ser igual habrá que corregir la única variable que puede haber cambiado en el intermedio: el ánimo y las perspectivas de los empresarios que ese lunes por la mañana enciendan la luz de sus fábricas o de sus despachos.

En ese momento, los gobiernos jugarán un papel crucial para mostrar, o no, un camino de continuidad, tomando las medidas que den un rayo de luz a estos hombres de empresa, a los ciudadanos, de que continuar en el camino anterior es posible. Las medidas que se tomen, y como se trasmitan, jugaran un papel crucial. Y la única fórmula para esos gobiernos es la de regar de dinero y con generosidad al sector productivo del país.

Pese a reconocer que todo será igual, si apunta que habrá cambios y de importancia.

 A partir de ese momento, paulatinamente sí se empezarán a notar cambios; a ver que mentalmente no hemos salido de la crisis igual que cuando entramos en ella, y estos cambios modificaran progresivamente los modelos productivos, cambios que, en muchos casos, ya se habían iniciado calladamente y que no eran identificados como tales ni por el gran público, ni mucho menos por la clase política.

Y en este contexto, si es muy crítico con la actitud de una Unión Europa que no entiende el problema y ha reaccionado tarde.

En el tratamiento de esta crisis, Europa, ha fracasado. No ha entendido la índole del problema y, por tanto, las medidas, atropelladas, progresivas, desenfocadas y en muchos casos ineficaces de los gobiernos, no muestran sino la distancia de nuestros hombres públicos, del estado de la tecnología, Marx diría el estado de la técnica, y no solo en muchos países sino en las instituciones de Bruselas.

Reaccionar tan tarde, -estaban en lo suyo-, cerrar fronteras –no han superado el concepto estado nación-, centralizar la sanidad, en el caso español, –desconocían cómo funcionan los mercados de aprovisionamiento-, la preocupación de algunos por la obvia necesidad de limitar algunos derechos fundamentales, –no haber priorizado que precisamente el estado de la técnica no es el enemigo de esos derechos sino su garante. Derechos para cuya protección habrá que crear mecanismos de salvaguarda, pero no obviarla

Una UE que, una vez más ha mostrado su lado más insolidario.

Pero Europa ha fracasado también, al igual que cuando el Brexit, que se te vaya un socio ¿no es como en los divorcios un fracaso de los dos?  Europa, la Unión europea, en ambos casos, Brexit y Corvid19, ha puesto al aire sus vergüenzas. Europa ha mostrado al mundo que no conoce la solidaridad y que no ha superado el concepto de estado nación, -los países se han replegado sobre si mismos- algo que ya sabíamos algunos.

Finalmente, José Manuel Reyero no quiere dejar de analizar el papel de China en la economía internacional, antes y después de la pandemia.

Que nadie interprete, como seguro alguno está tentado de hacer, que este es un golpe al capitalismo, o una conspiración de los malvados chinos. Esta es una llamada de atención a estar en el siglo XXI y dejar las fórmulas de gestión de antaño en los libros de historia, aunque sea la reciente historia del siglo pasado. La incorporación de los desarrollos de la tecnología en Asia es un hecho cotidiano y los ciudadanos han comprendido que este hecho les aporta mayores niveles de bienestar y seguridad; no solamente lo han aceptado, sino que además ahora van a comprobar que esa invasión tecnológica era positiva en casos de catástrofes colectivas

Asia lleva invirtiendo esfuerzos, fondos públicos y privados en desarrollos tecnológicos muchos años, en algunos casos siguiendo innovaciones de Occidente, que este no ha sabido utilizar, obsesionado por su modelo de utilidad individual. No se demonice a los chinos por esta pandemia, habrán cometido fallos, pero han tenido aciertos que nosotros no tenemos todavía, miremos más bien a los fallos del modelo individualista.

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